¿A las órdenes de mi hijo? Cómo responder ante los caprichos del niño.

Con bastante probabilidad los niños que no hayan tenido límites desarrollarán comportamientos agresivos. Cada vez es más común la expresión “niño tirano” y cada vez se oye a edades más tempranas. Son niños que exigen continuamente, habituados a salirse con la suya, que no toleran la frustración, que se encaran con sus padres, etc. Pero, ¿cómo llega un niño a convertirse en un “pequeño tirano”? El medio que lo favorece es un entorno lleno de derechos y carente de deberes. Y es que, a pesar de que la genética determina el temperamento de cada uno, la forma en que lo expresamos, la personalidad, es fruto del ambiente en el que nos criamos, es decir de la educación y la socialización.

Por su puesto, si nuestro hijo muestra ya comportamientos “tiránicos” hay solución. Cuando el problema es leve basta con conocer cómo funcionan los mecanismos que rigen la conducta para utilizarlos a nuestro favor.

Casi todos los comportamientos que llevamos a cabo son aprendidos. Así, el objetivo es enseñar al niño comportamientos que sustituyan a los inadecuados. Los niños no nacen sabiendo lo que pueden o no hacer, los adultos se lo enseñamos a través de normas.

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Los límites, traducidos en normas, indican al niño hasta dónde puede llegar, después vendrá el “NO”. Decir que no le enseña a renunciar a sus deseos, tolerar la frustración, manejar su ansiedad y su agresividad, abandonar la idea de que son merecedores de todo… La resistencia a asumir límites es lo esperable e implantar nuevas normas generará conflictos. El niño se rebela porque siente que pierde un beneficio “es más cómodo que papá me siga bañando o que mamá recoja mis juguetes”. Gracias a los límites el niño aprende que las normas ayudan a organizar la vida y que respetarlas es fundamental para la convivencia. Cuando en la familia hay límites claros y justos, el niño se adapta más fácilmente a los del colegio, a los de la piscina, una excursión o simplemente a los de ir en autobús; porque son capaces de generalizarlo a otras situaciones.

Educar sin límites es una contradicción. Las normas orientan la conducta del niño y consiguen que afronten con seguridad los acontecimientos. Muchos padres dejan de ser consistentes en la aplicación de las normas por temor a que el niño deje de apreciarlos. Nada más lejos de la realidad. Cuando encuentran en sus padres una respuesta y esta es justa y coherente, se sienten seguros y protegidos y crecer sintiéndose protegido es imprescindible para ser un niño feliz.

¿A las órdenes de mi hijo? Cómo responder ante los caprichos del niño.

Un estilo educativo “democrático o cooperativo”, que huya tanto del autoritarismo como de la permisividad, hará más probable que tu hijo te identifique como figura de autoridad válida. Para ello es esencial que atiendas los intereses y problemas del niño, entiendas que puede equivocarse, muestres sin pudor las emociones que el comportamiento de tu hijo te provoca (“me alegra cuando pides las cosas por favor” o “me enfado cuando me gritas”), vivas el conflicto como parte de la convivencia y lo enfrentes con serenidad y paciencia, le acompañes en los distintos procesos de aprendizaje y le incluyas en las responsabilidades y tareas familiares.

Comprender que los niños tienden a repetir aquello que les da buen resultado y a abandonar lo que no sirve a sus fines, será fundamental para modificar un comportamiento. Por tanto, si queremos que una conducta se repita es importante que vaya seguida de una consecuencia positiva. Por ejemplo: decirle lo contentos que estamos por lo que ha hecho, darle puntos para que los canjee por premios, preparar juntos su postre preferido, etc. Y si lo que queremos es que una conducta disminuya o desaparezca, la consecuencia que le precede deberá ser negativa. Por ejemplo: no atender un comportamiento que consideramos inadecuado o aplicar un castigo (retirada de algún privilegio, un tiempo sentado pensando,etc.).

A la hora de aplicar estas técnicas es importante tener en cuenta dos conceptos esenciales: 1) Coherencia. Es fundamental que nos pongamos de acuerdo con nuestra pareja en cómo vamos a actuar con el niño. La falta de coherencia siempre juega en contra: al principio el niño no sabe a qué atenerse y después termina usando en su favor las diferencias de criterio de sus padres; y 2) Constancia. El niño no aprende en un día cuál es la conducta adecuada. Si en una ocasión nos enfadamos ante su actitud y en otra la dejamos pasar, no lograremos nada. Debemos actuar del mismo modo siempre que aparezca la conducta que queremos cambiar. Al principio el niño reaccionará con más virulencia pero cambiará cuando se de cuenta que responder así no le sirve para conseguir su propósito.

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Un caso práctico:

Saúl es un niño de casi 3 años que manifiesta continuamente las conocidas rabietas. A esa edad no tiene capacidad para expresar con palabras lo que le pasa y utiliza las pataletas para contar que está en desacuerdo, enfadado o cansado. Y así, cuando sus papás no ceden a sus peticiones no tiene la menor duda en tirarse al suelo y gritar y patalear hasta conseguir su objetivo. En esta ocasión la temida rabieta aparece cuando la mamá de Saúl apaga el televisor porque ha llegado la hora de sentarse en la mesa a comer.

¿Qué hacer?

I. Ignora la conducta continuando lo que estabas haciendo (poner la mesa).

II. Le dices en primera persona lo que sientes “me estoy enfadando”.

III. Utiliza palabras cortas como “ya basta”, ” se acabó”.

IV. Dile con tranquilidad que no vas a hacer caso a lo que te pide “no voy a encender el televisor, es la hora de ir a comer”.

V. Añade en un tono firme “no te voy a hacer caso hasta que no te levantes del suelo y dejes de patalear”.

VI. Retírate de la situación 2-3 minutos para que reflexione y sigue haciendo tu tarea.

VII. Pasado el tiempo de reflexión:

A. Si no se le ha pasado, repite los tres pasos anteriores aumentando el tiempo de reflexión.
B. Si se le ha pasado dile “qué bien, como me gusta que estés así de tranquilo. Ahora vamos juntos a comer”.

Importante: No apliques esta técnica si las rabietas van acompañadas de comportamientos peligrosos para el niño.

¿A las órdenes de mi hijo? Cómo responder ante los caprichos del niño.

Rocío Giménez
Psicóloga infantil